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La gran Diferencia
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Director General de CIBEMEX Profesor en la asignatura de: Psicología Clínica de la carrera de Trabajo Social en el CETIS No. 5 Instructor de la Banda de Guerra y Escolta de la Esc. Sec. Tec. 43 |
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"La
gran diferencia radica no en el hecho de ser profesores o instructores
sino de hacer con conciencia nuestro trabajo, y sobre todo, de saber que
muchos profesores pueden ahora mismo calificar un examen con diez pero
sus alumnos no haber aprendido nada, en la banda de guerra que da el aprendizaje
para toda la vida, porque en ella se enseñan actitudes, esa es la gran
diferencia" |
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"Una Página más allá de la Instrucción"
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Quien se dedique a trabajar instruyendo bandas de guerra escolares sabrá seguramente de la gran diferencia que existe entre su trabajo y el de los profesores.
Cualquier persona nos dirá que la diferencia radica en el hecho de que nuestro trabajo es muy superficial, poco creativo y sin un objeto más haya del simple momento.
Dirán que el trabajo del profesor es de sacrificio y entrega total.
Es verdad en cuanto a lo valioso del esfuerzo de los profesores pero, respecto a los instructores, desconocen casi todo.
Nuestro trabajo requiere mucho sacrificio que pocos aprecian. No es que se quiera minimizar el valor de la docencia, este trabajo es una de las profesiones más loables y desinteresadas que podemos practicar; pero quiero destacar en esta oportunidad el gran esfuerzo que los instructores despliegan día con día.
El instructor debe desarrollar una gran habilidad para motivar y mantener interesados a propios y extraños para que la banda de guerra trabaje en forma adecuada.
A lo largo del tiempo he observado que existen 5 elementos que el instructor debe tomar en consideración para que esto se lleve a cabo: El alumno, los padres de familia, los maestros, los directivos y el propio instructor. Si alguno de estos aspectos pierde su equilibrio el grupo corre el riesgo de desordenarse o desaparecer.
Veremos por qué. Para que nuestra banda de guerra funcione, lo primero que debemos hacer es invitar a los alumnos a formar parte del grupo, hacerles saber de las diferentes actividades que se realizan, montar estrategias que los convenzan a entrar, decirles que en el grupo encontrarán amigos y momentos inolvidables que irán más haya de la "simple ejecución de un instrumento". Asegurarles que ningún maestro se opondrá a que se inscriban y que éstos les apoyarán en todo momento.
Si la banda de guerra es nueva, habremos logrado la primera instancia ya que la novedad hará gran parte de nuestro trabajo. Pero, hay de que la banda de guerra tenga, por lo menos, un año de existencia, en ese momento, comienzan las complicaciones. Algunos alumnos del año anterior desertarán argumentando salirse por tener bajas calificaciones debido a la perdida de tiempo que les ocasionó la banda de guerra. Otros tantos dirán que quieren entrar "más adelante" cuando se hayan puesto al corriente. Los menos, dirán que el estar en la "banda" es muy cansado.
En definitivas cuentas la actitud de los que ya no están en el grupo crearán un ambiente de incertidumbre entre los compañeros que desean ingresar, principalmente en los alumnos que tienen compañeros que estuvieron en la banda. Ésos, serán los más difíciles.
Quiero hacer notar que la gran mayoría de los alumnos desertores que han puesto como pretexto el cansancio o el bajo aprovechamiento, fuera de la banda continúan reprobando o mostrando bajas calificaciones durante el resto del año. Los que argumentaron cansancio, no tardan mucho cuando nos enteramos que ingresaron a algún equipo de fútbol. ¿Cuál cansancio, no que iban a estudiar? Hagan la prueba haciendo una investigación de los promedios y disciplina de todos los alumnos que ya no estén en la banda de guerra, se darán cuenta de lo que digo. Todos seguirán igual (con sus honrosas excepciones).
Pero en qué radica la diferencia entre el trabajo de los instructores y el de los profesores? Muy fácil, Sólo basta saber que el profesor tiene únicamente que esperar que el grupo que le asignaron, llegue al salón. No tiene la necesidad imperante de "motivarlos" a entrar.
Si uno de los alumnos no llega, simplemente le pondrá la falta y notificará la misma al departamento correspondiente. Al fin y al cabo si no cumple está reprobado.
En definitivas cuentas se tienen los medios coercitivos institucionales para "convencerlos". Vemos entonces que el único recurso seguro que tiene el instructor es la motivación. Quien logra hacer cumplir a sus alumnos y destacar con ellos es un gran motivador, es un líder y ejerce liderazgo entre los suyos. La segunda instancia abarca a los padres de familia. Los papas son determinantes para que los alumnos se incorporen y permanezcan en el grupo. Si los padres no están convencidos los muchachos no entrarán a la banda de guerra. El problema es ése, convencerlos. Lo primero que dicen los papas cuando su hijo les llega pidiendo permiso para entrar a la banda de guerra es: "!No¡... Ahí vas a perder mucho tiempo y vas a reprobar." Mi pregunta es, ¿Qué acaso sus hijos van muy bien en la escuela antes de entrar a la banda? ¿Son los mejores estudiantes del grupo? Sinceramente la mayoría de los alumnos que ingresan son regulares pero no destacados y los menos, aplicados.
La mayoría de las veces que un alumno va mal en la escuela se debe a la deficiente atención que los padres le prestan a sus hijos. Las tareas, uno de los problemas de incumplimiento más frecuentes, son deberes que se realizan en casa. Son los padres quienes no incentivan a sus hijos a hacerla o son ellos los que no hacen una revisión periódica de las mismas, razón por lo cual, los jóvenes llegan a la escuela sin nada. Las tareas se hacen en casa y los maestros e instructores poco podemos hacer para que cumplan con su deber. Hay padres que ni siquiera conocen las materias que cursan sus hijos o el grupo al que pertenecen. Sólo se paran por la escuela el día de entrega de boletas y.. ¿Adivinen qué? Llegan tarde y, lo peor, si en ese momento nos encontramos en la escuela correrán a donde nos encontramos para mostrarnos la boleta de su hijo y decirnos lo mal que van por culpa de la banda de guerra. ¡Sorprendente! ¿No? Toda la culpa la tiene la banda de guerra. Y para colmo de males, siempre que las mamas reclaman, mencionan al padre del muchacho como el primer inconforme y enemigo de que su hijo se haya integrado a la banda de guerra. Los papas son los más indignados, pero son ellos los que menos y, a veces jamás, se paran en la escuela y conocen el trabajo de sus hijos.
En la casa, son los papas los que menos ponen atención por sus hijos, pero son ellos también los que ponen el castigo más doloroso y decisivo. Mi pregunta es: ¿Acaso cuando los padres les ponen un castigo a sus hijos se ponen ellos un correctivo también? Estarán de acuerdo conmigo que si el muchacho va mal, mucho se debe a que los padres dejaron de hacer algo o perdieron la pista del problema antes de saber sus calificaciones.
El padre castiga y continua sin modificar su actitud pero espera que el muchacho cambie. Lo que le queda entonces es culpar a la banda de guerra. Es más fácil decir que el otro tuvo la culpa que reconocer nuestras fallas y poner el remedio.
Una considerable proporción de padres les dirán a sus hijos que pasan mucho tiempo en la banda de guerra, que la escuela ya parece su casa y el instructor su padre, que únicamente llegan a la casa como visitas y que ésta parece un hotel.
Los padres que más critican a la banda de guerra nunca han tenido un hijo en el grupo y los que lo han tenido, poco o nunca asisten a los eventos. Los padres esperan que la escuela les enseñe a sus hijos a estudiar, a ser respetuosos y a mil cosas más. Se les olvida que también ellos tienen que intervenir en su educación, sobre todo en el aprendizaje de los hábitos y el respeto a los demás.
Después de lo anterior se pueden dar cuenta de que paquete tenemos con los padres. Tenemos que utilizar toda nuestra astucia para hacerles ver que la banda de guerra tiene muchas cosas muy buenas, que es un sitio sano de esparcimiento, que es un lugar en donde sus hijos aprenderán a enfrentar un compromiso común, un lugar en donde aprenderán a ser menos tímidos y entregarse a una disciplina de trabajo en equipo. ¿Pero, la diferencia entre el trabajo de los maestros y los instructores, con relación a los padres de familia? Ustedes tienen la respuesta con el hecho de saber que nunca un padre le hará el mismo caso al instructor que al maestro cuando el niño vaya mal académicamente. Para padres y maestros, la causa del mal aprovechamiento del niño ya la sabemos nosotros. ¡La banda! Sobre los maestros, abordaré ese tema ahora.
Cuando el instructor cree haber hecho lo suficiente para convencer a los alumnos y a sus padres se encuentra con otra barrera, las quejas de los maestros del plantel.
Los instructores sabemos claramente que la opinión de los maestros sobre la banda de guerra, es de vital importancia. Si en una junta el maestro acusa a la banda de guerra de ser la culpable del mal aprovechamiento de sus integrantes, seguramente los padres darán de baja a sus hijos. Los alumnos se ven influenciados severamente por los maestros debido a que son estos los que darán las calificaciones de cada materia cursada. Cuántos de nosotros no hemos escuchado a los maestros decir frente al grupo a los integrantes de la banda de guerra: " ¡Tenías que ser de banda! ..... ¡ Todos los de banda de guerra son los más flojos y se creen mucho¡" Los maestros son los primeros en oponerse a que los alumnos salgan a algún servicio, y cuando salen, no les justifican la falta, les dicen que no les va a servir de nada irse a tocar el tambor, que la banda de guerra no les va a dar de comer.
Para mi opinión, en tal caso, ni la materia del profesor en particular le dejaría de comer al alumno, quizás jamás vea nuevamente danza o taller de electricidad. Tal vez utilice únicamente las matemáticas profesionalmente para realizar operaciones estadísticas o utilizará una calculadora. Nada más.
Debemos entender que la primaria y secundaria tienen una función preponderantemente formativa. Es decir, la educación básica tiene el objetivo de proporcionar los fundamentos que le permitan al alumno tener una noción general de todas las áreas del conocimiento para introducirse más tarde, de manera más específica, en la carrera que elija, dependiendo de sus habilidades, actitudes y aptitudes.
Siendo así, se necesita no ser educador para creer que las actividades de esparcimiento no tienen ninguna función formativa y socializante.
Para demostrar lo que digo, trate usted de pensar que es lo que más recuerda de sus profesores de primaria o de secundaria. Haga la prueba. Qué sería más fácil hacer en este momento que lee este artículo, ¿responder la siguiente operación matemática o recordar los momentos de alegría o tristeza más destacados de su época estudiantil? Resuélvala : 15 - 2 (-5) - (20 - 4) / 8= ¿No pudo?, Seguro que la mayoría presento dificultad para responder la operación pero casi todos recordaron los momentos en que vivieron alguna angustia o alegría en su vida pasada.
Las relaciones entre los demás y todo lo que conlleva la integración interpersonal es parte de la socialización necesaria para poder vivir en comunidad. Si un individuo no logro integrarse a su grupo social, aun con mucha preparación académica, difícilmente podrá ser productivo y reconocido por los demás. Algunos maestros pierden de vista lo anterior y consideran como único medio de superación las materias que imparten.
Los maestros son los primeros que critican el trabajo de la banda de guerra, ellos dicen que el grupo está conformado por puros flojos. La verdad es que en el tiempo en que llevo como instructor nunca he visto a ningún profesor tener grupos "de excelencia" en donde todos los alumnos lleven diez y sean disciplinados.
En cualquier grupo, incluso en los de alto rendimiento, persisten las diferencias. Recuerden que el profesor siempre dice que "en la escolta y en la banda debe haber buenos estudiantes"; Si el profesor está seguro de la excelencia, ¿por qué no hace lo mismo con sus grupos? Al fin él los tiene ahí, esa es su oportunidad. En realidad eso es imposible, quien se diga educador sabrá a ciencia cierta que todos, sin excepción, somos diferentes. Algunos aprenden más rápido, otros se destacan en el deporte, en fin, la característica primordial de un grupo es su diversidad y su capacidad de transformación.
Si la mayoría de los maestros vieran esto, más jóvenes tendrían hoy en día la oportunidad de desarrollar ampliamente sus habilidades y destrezas.
El turno es ahora para los directivos. Los primeros que ponen interés en crear una banda de guerra escolar son los directivos. El instructor podrá estar muy motivado en trabajar en tal o cual escuela, los alumnos de formar parte de una banda de guerra y los padres de apoyarlos, pero si el director no quiere "banda", no hay nada o muy poco, que se pueda hacer. Ahora bien, que el director este interesado no necesariamente significa que las cosas vayan viento en popa.
La experiencia nos ha dicho a la mayoría de los instructores que el interés de los directores se queda, en muchas ocasiones, en "eso", en interés.
Cuando se le comunica al director de nuestro salario, el costo de los instrumentos o el de su reparación, inmediatamente cambian su actitud. Lo que al principio parecía una oportunidad de trabajo después se transforma solamente en buenos propósitos. El director termina por dejarlo para otra ocasión.
Una banda de guerra no vive solamente de las buenas intenciones, si así fuera muchas cosas del mundo no anduviesen tan mal, bastarían los buenos deseos para remediarlas. Lo que aquí se necesita es "dinero" y apoyo. El material que utiliza una banda de guerra es relativamente caro, muy pocos alumnos pertenecientes a escuelas del gobierno pueden solventar los gastos que estos significan. Los directivos tienen muchos medios y formas para poder conseguir los recursos.
La sociedad de padres de familia puede aportar una cantidad, la cooperativa del plantel otro tanto, administrativamente se pueden solicitar a las delegaciones políticas o a la propia Secretaría de la Defensa Nacional, una donación. Aún suponiendo que ya se tiene un sueldo y se cuenta con los instrumentos y material de reparación, todavía requerimos del apoyo de los directivos. A los directores les corresponde incentivar a padres y profesores para que apoyen a la banda de guerra, si no lo hacen ocurre lo que siempre, los papas sacan a sus hijos en el momento menos pensado sin que el instructor pueda hacer algo.
Pocos directores se atreven a encarar a los profesores para pedirles apoyo con el trabajo de la banda de guerra. No crean que es por miedo, no lo hacen para no provocar conflictos más delicados en las relaciones "más importantes" de carácter académico. Los asuntos de la banda que los arregle el instructor y que ponga a estudiar a sus alumnos. Pero éste no es el verdadero asunto.
Regresemos al tema del dinero. Si queremos hacer algo nuevo el director dice que si, pero que no se le hable de dinero porque no lo tiene. Los permisos se tienen pero no los recursos. Si le pedimos al director tres mil pesos nos dará mil y a regañadientes.
Lo que a muchos directores les interesa realmente es su imagen he intereses. Si en el servicio al que asistirá la banda de guerra va un alto funcionario o el evento lo solicito un jefe superior, el director es el primero en llamar al instructor para darle el dinero del transporte y pedirle al mismo que haga lo posible por quedar bien. Curiosamente se aparece el dinero de la nada. Pero ahí no queda todo, en los servicios "importantes" o en los concursos, por arte de magia, el primero en estar presente es el director; lo que paso antes de asistir al concurso o al servicio le tiene sin problema, lo que le preocupa es que sus jefes y colegas lo vean para aparentar que siempre está atento a las necesidades del plantel y que participa en todas las actividades de su banda de guerra, sin embargo, hay quienes caen en la exageración de la falta de compromiso, éstos acostumbran a faltar hasta en los grandes eventos mandando como representantes a profesores o subdirectores del plantel.
Por si fuera poco, si por casualidad la banda de guerra gana el primer lugar o un reconocimiento especial, los directores no se cansan de llenarse la boca de decirle a todo mundo que la banda de guerra que gano "es su banda", inmediatamente les pedirán a los muchachos o al instructor acercarse a saludar a la autoridad principal" y así, de esa forma, mostrar lo mucho que se trabaja en "su escuela".
Lo anterior enmarca en forma muy general algunos de los aspectos con los que los instructores nos enfrentamos día con día con nuestros "jefes", pero me falta algo más, algo que viene a dar al traste con todo centímetro de entusiasmo.
El cambio de directivos. Si creíamos que ya estaba todo solucionado porque nos habíamos entendido con nuestro director y más o menos teníamos su apoyo, estábamos equivocados. Un cambio de director significa volver a empezar a "ganárselo" para poder trabajar con los apoyos y recursos ya mencionados. Hay que presentarse, y convencerlo de todo lo habido y por haber, hasta que dé su consentimiento para que continúe trabajando la banda de guerra. Todo lo que hicimos antes no existe, tendrás que empezar como si fueras un principiante. Y por último, el gran desastre. Al director entrante no le gustan las bandas de guerra y decide eliminarla. Para estos directores mi más enérgico reclamo. Estos señores llegan pensando que el ser director les da derecho de determinar por un gusto personal el interés de la comunidad escolar o la fracción de alumnos integrantes del grupo.
Considero que el trabajo de los directivos está en el hecho de procurar por el bienestar de la comunidad y no por el bienestar particular.
La última instancia que reviso en estos comentarios es la correspondiente a los instructores. Cuanta culpa tenemos en el momento que nos enfrentamos ante la circunstancia de tener pocos alumnos en la banda de guerra o de perder constantemente en los concursos en que se participa.
Nos quejamos de esto y del otro pero no hacemos nada para que los alumnos ingresen al grupo. Nos desesperamos y le echamos la culpa a ellos de todo, no nos damos cuenta de lo pobre que es nuestro desempeño; tanto que provoca que el alumno no se sienta atraído por el grupo.
He escuchado decir a algunos alumnos que su instructor llega tarde a las escoletas, se pone a platicar con sus amigos o con las "alumnas" o que pone a sus ayudantes frente al grupo mientras él hace otra cosa y, al regresar, se acerca a la banda de guerra para llamarles la atención y decirles lo mal que trabajan y lo incumplidos que son. ¿Cómo ven?... También he escuchado a los jóvenes reclamarle al instructor por poner siempre los mismos movimientos y las mismas marchas de todos los años, que las escoletas son tan rutinarias que ya saben lo que pasara durante todo el mes.
Un gran maestro mío me dijo en alguna ocasión que: "No existían niños flojos sino niños desmotivados"; Cuanta razón tenía él. Si nos ponemos a pensar nos daremos cuenta de la gran energía que tienen los jóvenes; pueden trabajar dos horas en el sol, descansar una hora y pararse por dos horas más para jugar fútbol. Motivación es lo que les hace falta, y eso, le corresponde a los instructores fomentar. Preguntémonos, ¿Cómo asistir a las escoletas todo el tiempo si no hay nada que hacer, es mejor irse con los amigos o ver el programa de televisión favorito, no lo creen?.
El instructor tiene que crear un ambiente interesante que le sugiera al alumno regresar al día siguiente. Pero, por qué regresar si el alumno sabe que le esperan baquetazos o palazos, por qué regresar si el instructor le pone castigos y lo hace sentir mal.
Deben saber que todavía en nuestros tiempos existen instructores que creen estar en la época de la santa inquisición, castigan por todo a sus alumnos; son seudo militares frustrados que piensan que la única forma de enseñarle a sus alumnos es por medio del miedo. Para estos instructorcitos, todo mi desprecio puesto que con esa actitud muestran su gran debilidad e incapacidad para poder convencer a los alumnos con palabras, la única alternativa que pueden tener en la cabeza son los golpes.
El trabajo del instructor es sorprendente. Una de las virtudes que los instructores tenemos y que no muchos profesores ostentan, es la de lograr que los muchachos trabajen solos y mantengan una disciplina de excelencia.
Muchos profesores acostumbran a acercarse con nosotros y preguntarnos cómo le hacemos para que el alumno más latoso de su clase esté sin moverse en la banda de guerra. Los escucho decirle a alguno de ellos... "así como te comportas aquí deberías comportarte en clases", eso es una de las cosas que más les duele a los detractores de las bandas, que los muchachos se disciplinen con nosotros. Sin embargo, muchos de los instructores no observan que sus alumnos tengan la más mínima educación con los demás.
Cuando vamos a un concurso es natural ver a una o dos bandas de guerra ofendiendo a otra que pasa cerca del lugar.
Vemos con enfado como los alumnos avientan objetos por las ventanas de un camión al otro sin que su instructor diga ni una sola palabra.
Es clásico que algunas bandas, cuando ganan, salgan del lugar de la justa adoptando una actitud despótica y ofendiendo a los que no obtuvieron un lugar. Otras más las vemos salir en llanto inconsolable al verse perdedoras o eliminadas de las justas. Nosotros los instructores somos los únicos responsables de que se den estas dos situaciones.
El hacerles pensar a los muchachos que son superiores a los demás o que por cierta circunstancia injusta se perdió sin merecerlo, provoca únicamente e inevitablemente un estado de frustración y soberbia entre los muchachos.
En pocas ocasiones he escuchado decir a un instructor haber perdido justamente. Es un verdadero ejercicio moral reconocer y hacer reconocer a los alumnos de las limitaciones que impidieron llegar a las metas planteadas y aceptar ser vencido.
También, de igual forma, pocas veces he observado a los ganadores acercarse a las bandas perdedoras a agradecerles su esfuerzo y felicitarlos por participar y permitirles por tal caso haber ganado.
El instructor tiene la responsabilidad de ver con madurez las derrotas y con sensibilidad y humildad los triunfos. También entre instructores nos es difícil reconocer que nuestro colega gano.
Siempre aseguramos haber visto una falla en su banda de guerra. Que lo que falló fue el toque, que marchaban muy robotizados, que lo que les ayudo fue el orden cerrado, que llevaban ex alumnos, que lo que pasa es que ensayan todo el día, que usaban protectores, que tenían uniformes de gala, que fue sede del concurso que los jurados estaban vendidos con ellos, que se salieron de lo reglamentario etc. Pretextos siempre tendrán. Es más fácil decir que el otro es culpable que aceptar nuestras deficiencias, insisto. Nunca seremos buenos instructores si pensamos que el problema está en el exterior. Es mejor analizar la participación de todos, sacar nuestras conclusiones y proyectar un plan de superación tomando como referencia nuestros tropiezos y los triunfos de los demás, pero eso sí, las criticas negativas, y que se enteren de éstas los alumnos, no sirven de nada. Cuando hablo de tomar como referencia los triunfos de los demás no quiero decir "copiar las ideas de los demás". Debemos aprender de los demás la creatividad, el trabajo, la disciplina y el entusiasmo más no literalmente lo mismo que las otras bandas.
Hay veces que en los concursos llegan bandas de guerra vestidas igual a las nuestras, con los mismos logotipos y hasta el mismo lema. Realmente es un honor que imiten tu trabajo, nos debemos sentir bien pero no creo sano ni creativo que otros repitan casi en forma idéntica tu labor. No lo digo por los copiados sino por los copiadores, éstos pierden reconocimiento ante los demás, y sobre todo, identidad. Imagínense las caras y actitudes de los integrantes de la banda de guerra 503 cuando ven llegar a la banda de guerra 479 al mismo concurso y saber que es la banda de guerra que se ha imitado durante ese año. El solo hecho de tratar de ser como ella los deja en desventaja. Cuando la banda de guerra imitada piensa en ganarle a todos, los imitadores piensan ganarle a ella, razón por la cual la imitada siempre llevará un paso adelante. Además, psicológicamente la imitada no tiene en quien preocuparse ya que no a puesto sus ojos en nadie, mientras que los demás, temen que les toque el turno junto a la imitada porque saben mucho de ella y eso es suficiente sugestión para ponerlos en desventaja, antes, siquiera, de estar frente de ella.
Después de todo lo anterior me queda la idea más clara sobre el titulo del artículo. La gran diferencia radica no en el hecho de ser profesores o instructores sino de hacer con conciencia nuestro trabajo, y sobre todo, de saber que muchos profesores pueden ahora mismo calificar un examen con diez pero sus alumnos no haber aprendido nada, en la banda de guerra que da el aprendizaje para toda la vida, porque en ella se enseñan actitudes, esa es la gran diferencia.
Habría que preguntarse quién está haciendo una labor docente. Podría hablar de muchas cosas más, sin embargo, creo que lo aquí expuesto es suficiente para poder describir muchas de las peripecias por las cuales los instructores de banda de guerra tenemos que pasar.
A todo lo anterior no le quiero imprimir una carga emocional negativa, todo lo contrario, con ello quiero exponer al público en general el sentir de algunos de nosotros y que esto incentive el conocimiento de nuestra actividad en los que la desconozcan, dejar en los profesores una pequeña inquietud sobre lo que los muchachos tienen que sufrir para pode estar en el grupo, ganar su respeto o cuando menos el reconocimiento de que se está tratando de trabajar en forma profesional en beneficio de los demás.
En el instructor dejar la idea de que su trabajo es digno y ético y que debe ser un profesional.
Quiero terminar este articulo reconociendo a aquellos alumnos, profesores, padres de familia y directores que si han entendido nuestro trabajo y se han unido con nosotros para alcanzar un fin común, ser mejores. Si algo nos hace seguir de frente precisamente es eso, la voluntad de todos. Es por ellos que me dedico a la instrucción y por ellos lo seguiré haciendo.
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